Diario La Capital, Mar del Plata

La escritora Andrea Ferrari cuenta cómo arma sus historias

Del periodismo y la realidad a la ficción para chicos no tan chicos

Un premio en España la decidió a dejar el periodismo, su profesión primera, para abocarse a la literatura. "Miro la realidad y encuentro un montón de elementos que después vuelco en los libros", dice.

Por Silvina Friera

Como una brújula, la maternidad le marcó el rumbo literario. A través de los ojos de su hija descubrió para quién quería escribir. Ya no era para los lectores que buscaban sus crónicas en Página 12; ese rico mundo de ficción que guardaba para sí empezó a tener un destinatario. Fueron los chicos, esos seres de entre 10 y 15 años que están en las fronteras de los grupos etarios: ni tan niños ni tan jóvenes. A ellos dedica hoy el tiempo de escribir.

"Yo era periodista full time y la literatura infantil era un hobby que nació, sobre todo, vinculado a la maternidad. Siempre había escrito, como suele suceder, pero volví a la ficción y a los cuentos haciendo un juego con mi hija y esto me fue llevando de a poco, hasta que surgió un libro de cuentos", recuerda Andrea Ferrari, que estuvo en Mar del Plata como una de las invitadas de las VII Jornadas "La literatura y la escuela", que organizó la asociación civil Jitanjáfora.

La literatura juvenil también la reencontró con la niña-lectora-voraz que alguna vez fue. Entre sus personajes más amados, está Dailan Kifki, el de María Elena Walsh. "Cuando visito las escuelas me preguntan '¿cuándo decidiste ser escritora?'. Es una pregunta clásica y yo digo: 'nunca'. Es que no lo decidí realmente, no fue un proyecto que me hice, todo me fue llevando y un día me encontré con que tenía tres libros. Me salió así", dice.

En 2003, su novela "El complot de Las Flores" obtuvo el premio "Barco de Vapor" que entrega una editorial española. "Significó la posibilidad de elegir y decidí que si bien seguía siendo periodista, quería darle un espacio mayor a la literatura y ese premio me permitió hacerlo, así que en este momento dedico más tiempo a escribir libros que al periodismo", cuenta.

"Voy a buscar estatuas"

Sin embargo, no puede soslayar su vocación periodística. La realidad, como la fuerza del viento de los huracanes, se sigue colando entre las líneas que inventa. En su última novela, "También las estatuas tienen miedo", Ferrari cuenta la historia de una chica que quiere trabajar para ayudar a la economía familiar. Para eso, decide aprender el oficio de estatua viviente. En esa búsqueda, halla una galería de personajes relacionados con la calle.

"Fue un libro interesante porque puse ahí un poco de las herramientas periodísticas para investigarlo, básicamente un día pensé cómo sería ser estatua y me dije, 'bueno, voy a buscar estatuas'. Encontré a cuatro personas que trabajan de estatuas vivientes y las entrevisté. Fue muy enriquecedora toda esa etapa de la pre-escritura de la novela, porque encontré un montón de detalles que desconocía absolutamente y que me sirvieron para conformar el personaje después", comenta.

Lo mismo le pasó en "El complot..." que narra las vicisitudes de un pueblo patagónico a punto de desaparecer. "Estábamos trabajando en el diario sobre los pueblos que desaparecen y se me ocurrió que ésa era una buena escena para una novela. La escribí en el medio de la crisis, cuando cayó (Fernando) De la Rúa. Escribía mientras escuchaba lo cacerolazos y eso quedó incluído en el libro, no fue que yo buscara hacer una novela sobre la crisis, sino sobre el pueblito, pero hay veces que la realidad se te mete".

Y reflexiona: "Creo que la mirada de periodista incidió en esta cosa del realismo, como una deformación profesional. Miro la realidad y encuentro un montón de elementos que después vuelco en los libros. Casi siempre el disparador es la realidad".

Dice "casi", porque en otro de sus libros, "La rebelión de las palabras", propone un juego con los chicos más pequeños a través de uno de sus protagonistas, Mario Clum, quien no puede pronunciar la letra "o". "Son las palabras las que hacen juegos con las personas, se ha descubierto que también ellas son caprichosas, extremadamente vanidosas e incluso maleducadas, por lo cual se recomienda extremar el cuidado en su manejo", escribió en el prólogo.

"Que el libro les hable a ellos"

- ¿La rebelión de las palabras es una metáfora del escaso lenguaje que rodea a los chicos?
- No, no lo he pensado por ese lado, "La rebelión de las palabras" es como un juego con las palabras, es esa sensación de que las palabras a veces toman su propio rumbo, tienen vida propia, te hacen decir cosas que no querés, son más sinceras de lo que uno desearía, te hacen decir cosas que no tenías intenciones de decir. Trata básicamente de la posibilidad de juego que dan las palabras.
- ¿Cómo atraés a tu lector?
- Cuando trabajo con los preadolescentes, lo interesante es tratar de acercarme a una mirada. Hay veces que a los chicos les gusta encontrar eso de que el libro les hable a ellos. Esto en la literatura para adultos a veces no lo encuentran tanto. Y si uno puede acercarse a esa mirada se produce como un click, un canal de comunicación muy interesante.
- En este sentido, apelás a que el protagonista sea adolescente.
- Entre otras cosas, sí, que sea adolescente y que le pasen cosas que le pasan a los adolescentes, que esté pasando por determinados conflictos que tengan que ver con la relación con los padres o con una persona del sexo opuesto, el tema de las relaciones, de los noviazgos. Lo que no significa que yo me haya plantado a hacer novelas exclusivamente de temática adolescente, porque de pronto, puede haber un protagonista adolescente al que le pasen otro tipo de cosas. También apelo al humor, una herramienta que a mi me atrae mucho. Me atrae en lo que leo. Y, por la respuesta de los chicos, por lo que uno ve en las escuelas, creo que se enganchan mucho con la posibilidad de jugar un poco con el libro.
- ¿Cómo llegan los libros a los chicos, por medio de qué canales?
- Creo que el principal canal de circulación de la literatura infantil sigue siendo la escuela, más que por elección propia, más que por una biblioteca o una librería, también van, pero la mayor cantidad de volumen, la mayor cantidad de libros de literatura infantil y juvenil circula por medio de la escuela.
- ¿Formar a los formadores parece ser clave para potenciar los niveles de lectura?
- Es interesante cómo los docentes eligen y cómo trabajan un texto, los autores muchas veces tenemos la posibilidad de ir a las escuelas, porque las editoriales nos invitan cuando los chicos están leyendo nuestros libros y uno ve experiencias muy interesantes, en cuanto a cómo se trabaja, cómo los chicos están enganchados con un texto, o cómo a partir de ese texto inventan cosas propias, inventan variantes de lo que han leído. Con "La rebelión de las palabras" algunos chicos hicieron sus propias rimas o pensaron en cómo hablaría ese personaje sin la "o". Veo que los chicos se enganchan. Para uno, como autor, es atractivo el feedback que te dan los chicos en la escuela.
- ¿Tenés alguna consideración de tipo ético, teniendo en cuenta que tus lectores tienen todavía su personalidad en formación?
- No me planteo que mis libros sean pedagógicos, yo no quiero enseñarles cosas a los chicos, pretendo hacer una novela que tenga un valor estético. Aunque, por supuesto que uno vuelca sus valores en todo lo que hace, entonces de pronto sí aparecen un montón de cuestiones que pueden analizarse desde el punto de vista ético, pero no hay una intención mía de ser moralizante.

"Los chicos sí tienen ganas de leer"

A contrapelo de los diagnósticos que se suelen escuchar entre padres, docentes y especialistas en educación, la escritora Andrea Ferrari sostiene que "los chicos están muy interesados en la lectura, los datos lo muestran". Entre ellos, cita la diversificada oferta de lectura infantil y juvenil que llena los estantes de las librerías, el mayor espacio físico que estos comercios dedican a los textos para los lectores menudos e incluso el caudal de ventas que hubo en la última Feria del Libro. "Aumenta el interés de los docentes por llevar la literatura infantil a las aulas: esto demuestra que los chicos sí tienen ganas de leer", agrega.

Aunque plantea sus reparos sobre llamar "boom" al momento que vive el sector, analiza el auspicioso presente: "Hay varios factores -dispara-. Por un lado, venimos de una crisis muy honda, eso hizo que el libro infantil cayera, pero en este momento la recuperación da lugar a que surjan más libros. Además, hubo fenómenos que comercialmente fueron muy exitosos, como Harry Potter, que movilizó el espectro empresarial, porque muchos se dieron cuenta de que la literatura infantil podía provocar una avalancha de lectores nunca vista. Eso incidió para que hubiera más publicaciones. Si bien es un fenómeno que empieza en lo comercial termina generando algo positivo: la movilización de la literatura infantil".

Un género que crece en Argentina y en el mundo

El auge del género infantil, registrado en los últimos años en Argentina, es un fenómeno que se da a nivel mundial, mencionó la reconocida editora Gloria Rodrigué, que es una especialista en la literatura para los más pequeños y acaba de fundar una nueva editorial.

"El género ha crecido mucho, pero no sólo en la Argentina sino en todo el mundo. Hasta no hace mucho la literatura infantil era considerada un género menor con el que las grandes editoriales no se metían o los vaivenes de la economía lo hacían fácilmente descartable", describió a Télam la flamante directora de "La Brujita de Papel".

"Con el libro infantil -apuntó- hay que tener mucha paciencia, hay que imponerlo. Y a veces no te alcanza la paciencia o la plata para hacerle el aguante. Un título para adultos si no va bien en tres meses, se deja. En cambio con los chicos se va muy despacio pero de una manera pareja. Es un material muy noble".

A su juicio la ilustración juega cada vez más un papel esencial en el rubro: "En este momento el ilustrador está casi de igual a igual con el autor. De alguna manera comparte la autoría".

"En la Argentina hay una cantidad de ilustradores excelentes que trabajan también en el exterior, realmente de primera. También hay muchos autores que han ido creciendo en su escritura. Muchas veces con más fuerza que los escritores orientados a la literatura para adultos", consideró Rodrigué.

"Los años que yo estuve en Sudamericana -"editorial que publicó 'Cien años de soledad', la novela emblemática de Gabriel García Márquez"- empezamos a editar libros infantiles con Canela (Gigliola Zecchin) y lo único que teníamos, que no era poco, eran los textos de María Elena Walsh. Tardamos unos diez años en que el género se impusiera y todo funcionara bien", recordó.

"Cuando me fui de Sudamericana, me dio pena dejar ese género. Y entonces decidí con mis cinco hijas empezar a armar algo -contó Rodrigué-. Salimos las mujeres de la familia a compartir el trabajo de esta nueva editorial".

La propuesta está dirigida a chicos de hasta 12 años, "que es cuando los padres les compran los libros. Pensamos hacer dos líneas: una más literaria y otra más lúdica, de libros de objetos, como unos de plástico (la colección Burbujitas) que acabamos de sacar".

"Lo que quisimos fue incorporar un plus a estos libros iniciales y sumar un pequeño texto que la madre le pueda leer. Que no fueran sólo para mirar. Son para bebés que empiezan a sentarse en la bañadera, que no superen los 3 años. Y fui probando con mis propios nietos para ver como funcionaban", explicó.

El nombre de la editorial, "quisimos que estuviera relacionado con un personaje. Yo tengo una nieta pelirroja, que se llama Guadalupe y ahí surgió la brujita. La colección se llama Guadalupe Sinverruga y los tres títulos iniciales son de Cecilia Pisos. Es una autora que vive en México y me gusta mucho".

"Publicamos también un cuento de tapa dura sobre un hipopótamo, 'Hipo no nada', que había salido afuera pero no en español. Es una historia de Pablo Bernasconi, un escritor muy creativo del género infantil", opinó Rodrigué

Desde el principio, "la idea fue trabajar mucho, hacer ediciones muy cuidadas, no sacar uno detrás de otro. Quisimos el tiempo necesario para ocuparnos de los detalles, que es lo que marca la diferencia".

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